MARZO 27

02.04.2021

"Jesús tomó a Pedro y a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar, y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.... y vieron su Gloria." Lucas 9:28- 32

Cuando Jesús llevó aparte a estos tres discípulos a lo alto del Monte Tabor o Monte de la Transfiguración, los colocó en una comunión íntima con Él. Allí no vieron a nadie más que a Jesús; y era una gran cosa el estar allí. El cielo está cerca de aquellos que se retiran al monte con su SEÑOR. ¿Quién es aquel que no ha vislumbrado la apertura de una puerta en momentos de oración y meditación? ¿Quién no ha sentido en el lugar secreto de la sagrada comunión una dulce calma, un consuelo inexplicable y un gozo por anticipado de lo sagrado?

El Maestro Divino, tuvo tiempos y lugares para conversar con tranquilidad con Sus discípulos. Una vez lo hizo en la cumbre de Hermón, pero con más frecuencia en los declives sagrados del monte de los Olivos. Cada cristiano debiera tener su monte, es decir, un lugar apartado para orar y estar en comunión con el SEÑOR. La mayor parte de nosotros, especialmente en las ciudades y pueblos grandes, vivimos apresurados. Desde por la mañana hasta la hora de acostarnos, vamos rápido de una parte a otra sin tener tranquilidad para nada. En medio de este bullicio, es mínima la oportunidad que tenemos para meditar, para orar, para meditar en Su Palabra y comunicarnos con Él.

Daniel, en medio de la idolatría de Babilonia, oraba tres veces al día en su aposento alto, con las ventanas abiertas en dirección a Jerusalén. Dan.6:10. Pedro encontró el suyo en la terraza de la casa en Jope; los cristianos de la iglesia de los Hechos, hallaron el suyo en el "aposento alto".

Si no volvemos a las visiones, a elevar nuestra mirada al cielo, a darnos cuenta de la gloria más excelsa y de la vida más elevada, entonces perderemos nuestra piedad; nuestro altar se convertirá en una piedra desnuda y sin ser bendecida por los habitantes del cielo. Lo que el mundo necesita hoy, es hombres que hayan visto a su SEÑOR en el monte de la oración.

Acércate al SEÑOR, búscale en el lugar elevado por medio de la Oración. Él puede llevarte hoy a lo alto de la montaña, a donde llevó Pedro a pesar de sus errores, a Jocobo y a Juan, aquellos hijos del trueno que una y otra vez mal interpretaron a Su maestro y Su misión. No hay razón alguna por la que no pudiese llevarte a tí. Así que no te excluyas de ello y no digas: "Estas visiones y revelaciones del SEÑOR no son para mí"."

No debemos permanecer en medio del valle cuando la cima del Tabor nos espera. ¡Cuán puro es el rocío de las colinas; qué fresco es el aire de la montaña; cuán admirable es la vida de los que habitan en las alturas y cuyas ventanas miran hacia la Nueva Jerusalén! Muchos cristianos se contentan viviendo como los mineros de las minas de carbón que no ven el sol. Sus caras están bañadas por las lágrimas, cuando muy bien pudieran ungirlas con aceite celestial. Estoy cierto que muchos creyentes se consumen en un calabozo teniendo la oportunidad de andar por los tejados de palacios y regocijarse en el paisaje de la bella tierra y el Líbano!

¡Levántate, creyente, de tu baja condición! Arroja tu pereza, tu letargo, tu frialdad o cualquier otra cosa que pueda intervenir en tu amor casto y puro hacia Cristo. Haz de Él, la fuente, el centro de los deleites de tu alma. No permanezcas por un momento más, satisfecho con lo poco que has alcanzado. Aspira a una vida más noble, más elevada y más completa. Hacia el Cielo." C.Spurgeon