OCTUBRE  26

01.02.2023

"Dios mío, Dios mío, me siento tan avergonzado y confundido que no sé cómo dirigirme a ti. Nuestras faltas han sobrepasado el límite, y nuestras culpas llegan hasta el cielo". Esdras 9:6

Esdras, sacerdote y uno de los más grandes reformadores de Dios, aparece en el Antiguo Testamento como un hombre de oración; alguien que hace uso de ella para sobreponerse a las dificultades y traer las promesas de lo Alto a su cumplimiento final. Esdras volvió de Babilonia bajo el gobierno del Rey de Babilonia, quien en forma muy extraña se había inclinado hacia él y le había favorecido de muchas maneras. Sólo había estado en Jerusalén por unos pocos días, cuando le llegó la terrible noticia de que el pueblo de Dios no se había separado de la gente de aquel país, y estaban cometiendo las mismas abominaciones de aquellas naciones paganas. Lo peor fue que los príncipes y gobernadores de Israel habían sido los primeros en traspasar la ley de Dios. Esdras debió enfrentarse con su pueblo enredado en la mundanalidad, lo que constituía un asunto muy serio.

En todas las edades, Dios requiere que su pueblo viva separado del mundo de tal manera que llegue a producir antagonismo. Y para conseguir este fin, Él puso a Israel en la Tierra Prometida, y la separó de otras naciones por medio de montañas, desiertos y mares; además de encargarles muy seriamente que no formarán ninguna relación marital, social o comercial con las naciones vecinas. Pero Esdras, al regresar de Babilonia, encontró la Iglesia de Jerusalén paralizada y postrada a consecuencia de la violación de este principio. Ellos se habían casado los unos con los otros, además se mezclaron en negocios con las naciones gentiles. El pueblo entero estaba involucrado en esta desobediencia: sacerdotes, levitas, príncipes.Todo parecía estar en contra de la restauración y la recuperación del pueblo de Dios. Y Esdras no podía predicarles, porque toda la ciudad se volvería contra él y lo echarían fuera.

Lo primero digno de notar en cuanto a este hombre de Dios, es que vio la situación y se dio cuenta de la seriedad que revestía; no era un optimista de ojos cerrados de los que nunca ven nada erróneo en la Iglesia. Tampoco minimizó la enormidad de sus delitos ni buscó suavizar la magnitud de sus pecados. La Iglesia de hoy necesita líderes que sigan la línea de Esdras, quien no fue ciego en sus apreciaciones ni se negó a ver las cosas y reconocerlas en su gravedad. Al ver a su pueblo en tan mala condición espiritual, se sintió tan consternado y triste que "rasgó sus vestiduras, arrancó los cabellos y la barba en señal de dolor, y se sentó completamente deprimido", Esdras 9:3.

Fue precisamente en ese profundo estado de tristeza que acudió al Todopoderoso, y se entregó a la oración y al ayuno (la oración y el ayuno siempre acarrean resultados muy especiales). Confesando los pecados del pueblo y pidiendo perdón y misericordia de parte de Dios. Oró con un corazón quebrantado, postrado y llorando. "Dios mío, Dios mío, me siento tan avergonzado y confundido que no sé cómo dirigirme a ti. Nuestras faltas han sobrepasado el límite, y nuestras culpas llegan hasta el cielo....Y nosotros somos realmente culpables ante ti; por eso no podemos estar en tu presencia." Esd. 9:6-15

Comenzó, pues, su gran obra por medio de la oración y consiguió resultados verdaderamente extraordinarios: "Mientras oraba Esdras y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel, hombres, mujeres y niños; y lloraba el pueblo amargamente" Esdras. 10:1. Sucedió que aquellas oraciones sencillas, pero perseverantes, lograron su propósito: un gran arrepentimiento general siguió a la oración de Esdras, y así ocurrió una extraordinaria reforma en Israel; sus gemidos y su oración fueron los grandes factores que intervinieron para que el milagro ocurriera.

Tan absoluto fue el despertar espiritual que se desencadenó, y como evidencia de su autenticidad, los líderes de Israel vinieron a Esdras con estas palabras: "Nosotros hemos pecado contra nuestro Dios, pues tomamos mujeres extranjeras de los pueblos de la Tierra; mas a pesar de esto, aún hay esperanza para Israel. Ahora, pues, hagamos pacto con nuestro Dios de que despediremos a todas las mujeres y los nacidos de ellas, según el consejo de mi señor y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios; y hágase conforme a la ley. Levántate, porque ésta es tu obligación, y nosotros estaremos contigo; esfuérzate, y pon mano a la obra" Esdras 10:2-4. Nuevamente, y definitivamente, debemos decir, no obstante, que la oración tiene que ver sólo con Dios. Cualquiera que haya sido la influencia que la oración de Esdras tuviera sobre él mismo y sobre la situación en general fue porque Dios movió su brazo para ejecutar el cambio. - Edward M.Bounds