ENERO 9

07.01.2023

"Porque Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. ¿Y quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?" 1 Juan 5:4-5

Es a través de la Fe que nos unimos a Jesucristo como un solo espíritu, que la verdad se hace efectiva en nuestras vidas, y la Palabra de Dios permanece en nosotros, que se recibe la unción y que la presencia interior del Espíritu Santo se realiza constante y gozosamente en nuestra vida. La fe es el sentido espiritual que nos pone en contacto con lo invisible y lo divino. Nos abre un nuevo mundo de realidades externas que los demás no pueden ver ni conocer. Por lo tanto, la fe nos une a la omnipotencia divina, y hace cierto que "Todas las cosas son posibles para el que cree", Marc.9:23. Como también hace cierto que "todas las cosas son posibles para Dios", Mar.10:27.

La Fe es representada por una figura militar, "como el escudo de la fe, con el cual podemos apagar Todos los dardos de fuego del maligno", Efe.6:16. El escudo como arma de guerra cubre al soldado para que los dardos no le alcancen, sin embargo, puede ser vulnerable a los ataques del enemigo. Pero el Escudo de la Fe que proviene de Cristo no puede ser penetrado, porque esta Fe se esconde detrás de la persona de Cristo, y ¡todos los golpes caen sobre Él! De modo que, hay dos tipos de Fe. Está nuestra propia fe, terrenal, que algunos tienen como pensamiento positivo, que es débil y podemos perder fácilmente, y está la Fe que viene de Cristo, creador de la Fe, que es sobrenatural, apaga Todos los dardos de fuego del maligno, que nos sostiene y nos guarda. Por eso dice: "Sobre todo tomen el Escudo de la FE". Este es uno de los secretos más profundos de la vida cristiana, que Cristo dentro de nosotros se convierte en el poder de una Fe abrumadora.

No hay nada más maravilloso que ese espíritu de confianza que, a través de la oscuridad y la luz, se aferra y no teme, pero sabe por un instinto inefable que Él no nos fallará, que Él ama, guía, guarda, y nos llevará a través de toda circunstancia. Pero qué pasa si perdemos esta confianza; ¡Qué pasa si nuestra confianza falla! ¡Qué pasa si en alguna hora oscura y terrible nos invade el pánico y nos hundimos en la desesperación y perdemos la confianza! ¡Esto sería realmente terrible! Una vez llegué a tal hora, y en la oscuridad de ese momento espantoso, cuando Satanás parecía haber destruido de un solo golpe toda mi Fe, tuve miedo incluso de orar, y hundido en la desolación solo pude gritar: " ¿Qué haré?"

Fue entonces cuando por primera vez aprendí la Fe sobrenatural que proviene de Dios en Cristo, pues, mientras me hundía en lo más profundo de mi desolación y desamparo, se instaló en mi corazón una dulzura tan nueva y extraña, tal sentido del amor de Dios, los brazos del SEÑOR, Su presencia sobrecogedora, y una confianza que no podía morir, miré hacia el cielo, me incliné y descansé con una sencillez ante la cual solo podía maravillarme, llorar, y decir: "¡Qué bendito! ¡Qué seguro! ¡Qué bueno es Dios! ¡Qué maravilloso Su amor, Su confianza, Su presencia!" Y así, amados, debemos perder nuestra propia fe para encontrar la Suya, y cuando la encontramos, tenemos algo que Satanás no puede robar, y que el mundo no puede dar ni quitar.

Por lo tanto, es contra nuestra fe que Satanás lanza sus dardos de fuego más feroces. Por tanto, es "la Fe de ustedes que resiste la prueba vale mucho más que el oro, el cual se puede destruir".1 Pedro 1:7 Fue de la fe de Pedro y de la de nosotros que es débil, que Jesús dijo: "He rogado por ti, que tu Fe no falte". Por eso, somos exhortados en vista de la ira y el odio del diablo, "al cual resistan firmes en la Fe, que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en sus hermanos en todo el mundo.".1 Ped.5:9 SEÑOR, implanta en nosotros la Fe que procede de ti, entonces nuestra fe será la tuya, y luego, pase lo que pase, saborearemos incluso aquí el gozo sagrado de nuestro hogar eterno. - AB Simpson