MAYO 15

08.07.2022

«Pero a éste miraré: Al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante Mi palabra. Isaías 66:2


Miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu y tiembla...." Lo mirará, con aprobación. El SEÑOR parece decir: "No miraré a los orgullosos; no miraré a los presuntuosos; sino que miraré al hombre humilde que confía y tiembla. Fijaré mi mirada en él; será contemplado por mí. Alzaré la luz de mi rostro en él, al que es recto conmigo me mostraré lleno de gracia." Lo mirará para cuidar de él y guiarlo, así mirará Dios al humilde y contrito. ¡Oh, no confíen en ustedes mismos, ni sean soberbios, sino tiemblen delante del SEÑOR, y Él se acercará a ustedes, porque Él mira de lejos a los altivos, Salmo 138:6, pero estará atento de los humildes y de que ningún mal se les acerque!


Aquel que va pisando con fuerza en su carrera cristiana como si fuese alguien muy importante, no es un favorito del cielo. El hombre que toma con soberbia y confianza en sí mismo, no tiene consideración de Dios. EL SEÑOR mira a los que oyen la Palabra de Dios, e internamente reverencian al amonestador celestial. Ellos ya no son más ni descuidados ni temerarios, pues la voz del SEÑOR los ha reorientado. Han inclinado su cabeza delante del SEÑOR, y escuchan con embelesada atención todo lo que Él dice. Pues son como el niño Samuel cuando dijo: "Habla, SEÑOR, porque tu siervo oye." Reciben la enseñanza, y son humildes.El soberbio que tiene confianza en sí mismo no glorifica a Dios si obtiene éxito y engrandece su propio nombre. El humilde se quita su corona y dice: "No a nosotros, oh SEÑOR la gloria, no a nosotros," y cuando entra al cielo todavía es este su clamor: "Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre; al que nos guardó para que no cayéramos, y nos preservó para Su reino y Su gloria, a él sea todo honor."


"Y que tiembla ante Mi palabra". Este temblor, créanme, no quiere decir un miedo esclavizado. Quienes tiemblan a la Palabra de Dios conforme avanzan y crecen en la gracia, y se vuelven conocedores del amor de Dios, y entran en el secreto de Su pacto, tiemblan porque tienen una santa reverencia de Dios, porque entienden que en la Palabra residen tanto la majestad y el poder del Altísimo. Estos son quienes reverencian la Palabra, que no aceptan que se toque ninguna de sus sílabas, que la consideran divina en su medida, y por consiguiente sagrada. Lo que Dios ha hablado lleva una porción de Su majestad, y reconocen esa majestad. Yo digo que estos espíritus selectos son personas que durante toda su vida continúan temblando a la Palabra de Dios.


Pero hay quienes no tiemblan ante Su Palabra. Hoy en día abundan predicadores que toman la Biblia, no para que ella los juzgue, sino para juzgarla. Su juicio pone en la balanza la sabiduría del propio Dios. Hablan de manera sumamente altiva, y su arrogancia se exalta a sí misma. Por eso, evito los lugares donde haya alguna probabilidad de escuchar expresiones de hombres que no tiemblan ante la Palabra de Dios, me alejo, antes de oír o leer las falsedades modernas que, en estos tiempos, profanan la Palabra y desvían al pueblo de Dios. Estos hombres se roban el pan de los hijos, y sin duda, se atreven a poner en su boca malvada lo que Dios ha reservado para sus hijos. Estos desconocen por completo lo que significa ser humilde y temblar ante la Palabra de Dios. A estos se refirió Pedro cuando dijo: " Habrá falsos maestros entre ustedes, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al SEÑOR que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina. Muchos seguirán su sensualidad, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado. 2Pedro 2:1-2 Temblemos pues ante la Palabra de Dios, como lo hizo Josías y por lo tanto fue "escuchado" por el SEÑOR. "Por cuanto oíste las palabras del libro, y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante del SEÑOR, cuando oíste lo que yo he pronunciado...." 2 Reyes 22:18-19


El SEÑOR compara a los que tiemblan a Su Palabra con un Templo. "¿Dónde está la casa que me habrán de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?. . . Pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra." Isaías 66:1-2 Ellos son Su templo. Y para el pueblo de Israel el templo era algo muy maravilloso. Allí estaba la santa y hermosa casa, el gozo de toda la tierra. Cubierta de madera incorruptible, y bañada de oro puro, sus piedras labradas colocadas sin martillo o hacha. Para la mente del israelita no hubo nunca un edificio comparable. Sin embargo, el glorioso Dios y SEÑOR habla sin darle importancia al templo hecho por hombres, y dice: "¿Dónde está la casa que me habrán de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?De modo que, un hombre que tiembla ante la Palabra de Dios es "templo de Dios"; lo es enfáticamente y está mucho más allá del sentido en que fue honrada la casa de Salomón. Su corazón está lleno de adoración. Su temblor es, en sí mismo, adoración. Como los ángeles velan sus rostros en la presencia del SEÑOR, así los hombres buenos y veraces velan los suyos, temblando todo el tiempo, mientras adoran a Aquel que vive para siempre. Como el templo, incluyendo los postes de las puertas, se conmovía a la presencia del Dios de toda la tierra, así cada parte de nuestra humanidad se conmueve impactada por el asombro, cuando el SEÑOR quien habita entre los querubines resplandece dentro de nuestro espíritu. ¡Aquellos de nosotros a quienes el Todopoderoso atrae hacia Sí, debemos temblar! Los incrédulos en su brutalidad, podrán estar libres del temor de Dios; pero el hombre a quien la gracia ha dado una santa sensibilidad, adora con temor y temblor.EL SEÑOR no nos compara simplemente con el templo, sino que nos prefiere al templo; y además, nos prefiere incluso al grandioso templo del universo no hecho por manos humanas, que Él mismo coloca muy por encima de la casa que Salomón construyó.


El Señor dice: "El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies;" Isaías 66:1 y sin embargo parece decir: "Todo esto no es mi reposo, ni el lugar de mi habitación; sino que con este hombre habitaré, con el que tiembla a mi Palabra." El SEÑOR prefiere al espíritu contrito y que tiembla, no únicamente a la casa de oro abajo, sino a la casa celestial arriba. El SEÑOR habla del cielo como Su trono; y ¿qué es el que tiembla ante la Palabra de Dios sino el trono de Dios? Dios está entronizado evidentemente en él. Bajo un sentido de la divina presencia, el peso estupendo de la Deidad ha derribado al hombre, y lo ha hecho temblar en cada parte de su naturaleza. La gloria de la revelación es la que causa el desmoronamiento del corazón y del alma. En cuanto a la tierra, es el estrado del SEÑOR; pero también lo es, este humilde y que tiembla. Del corazón humillado que tiembla ante Su Palabra, el SEÑOR hace Su trono y Su estrado. Es una comparación sublime: Nosotros somos los templos de Dios, y algo más: Entre más estudien estos versículos, más se asombraran. - C.Spurgeon