OCTUBRE 14

01.02.2023

Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Zacarías 4:10

"La profecía de Zacarías encontró su cumplimiento parcial cuando Zorobabel colocó la última piedra en el templo reconstruido (Zacarías 4:7). Pero como el profeta contemporáneo de Zacarías, Hageo, lo dijo, el cumplimiento total necesitaría esperar un "poco" (Hageo 2:6). Entonces, el día de las pequeñeces permaneció con Israel por más de cuatrocientos años, hasta que finalmente todo monte fue rebajado (Isaías 40:4; Lucas 3:5), y el verdadero templo llegó en la persona de Jesucristo (Juan 2:18-22). El gran Dios es lo suficientemente paciente para soportar siglos de días pequeños. Su reino, que un día cubrirá la tierra, no comenzó siendo grande. Crece de un hombre anciano y su esposa estéril (Isaías 51:2). Crece de "el más pequeño de todos los pueblos" (Deut. 7:7). Crece de una semilla de mostaza y un poco de levadura (Mateo 13:31-33). Crece de un embrión en el vientre de una virgen (Isaías 9:6-7). Crece de doce hombres analfabetas (Hechos 1:8).

Las grandes cosas no son nuestras ahora. Si permitimos que la Escritura reforme nuestra concepción de tamaño, aprenderemos a ver el día de las grandes cosas no solo en el futuro, sino en un sentido aquí ahora, en medio de lo que parece tan pequeño. En el curso de sus tres años con Jesús, los discípulos necesitaron que sus ideas de lo grande y lo pequeño fueran redefinidas una y otra vez. Como la mayoría de nosotros, ellos habían permitido que el mundo definiera estos términos por ellos sin ni siquiera saberlo. Para ellos, las cosas grandes incluían a personas importantes, grandes multitudes y un status codiciado (Mateo 19:13-15 ; Marcos 1:35-39; 10:35-37). Pero para Jesús, las grandes cosas del mundo eran como grandes montones de plumas: impresionantes aquí si miras solo lo temporal, pero listas para ser llevadas por el viento en el día del juicio." -Scott Hubbard

"Las pequeñeces marcan el principio de la obra en la mano de Zorobabel, pero ninguna de ellas debe despreciarse, pues el SEÑOR ha levantado a uno que perseverará hasta que saque la primera piedra con aclamaciones. La plomada estaba en buenas manos. Aquí reside el consuelo de todo creyente en el SEÑOR Jesús: no importa que la obra de gracia sea siempre tan pequeña en sus comienzos. ¡La plomada está en buenas manos! Un maestro de obras mayor que Salomón ha emprendido la edificación del Templo celestial y Él no dejará ni se desalentará hasta acabar el edificio. Si la plomada estuviera en la mano de un ser meramente humano, podríamos temer por la edificación, pero el deseo del SEÑOR prosperará en las manos de Jesús.

Las obras no prosiguieron irregularmente y sin cuidado, pues la mano del constructor tenía una buena herramienta. Si se hubieran edificado las murallas sin la debida dirección no habrían estado verticales, pero era el eximio oficial quien utilizaba la plomada. Jesús está siempre vigilando la construcción de su Templo espiritual para que este se edifique con seguridad y con arte. Nosotros optamos por la prisa, Jesús opta por la prudencia. Él utilizará la plomada, y lo que no esté alineado tendrá que derribarse. De ahí el fracaso de muchas obras prometedoras, la ruina de muchas brillantes profesiones. No nos corresponde a nosotros juzgar a la Iglesia del SEÑOR, pues Jesús tiene mano firme y buena vista, y puede emplear bien la plomada. Regocijemonos de ver que el juicio se le ha confiado a Él.

La plomada estaba en uso, pues se hallaba en la mano del constructor: un indicio seguro de que él se proponía proseguir la obra hasta su culminación. ¡Oh Señor Jesús, cómo nos alegraríamos si, en realidad, pudiésemos verte en tu gran obra! ¡Oh Sion, la hermosa, tus muros están en ruinas aún! Levántate, glorioso Edificador, y haz que sus desolaciones se regocijen con tu venida.". - C.Spurgeon